Frase del Gurú: no conviene llegar el primero
La caché es uno de los pocos sitios en donde llegar el primero es inútil.
La caché es uno de los pocos sitios en donde llegar el primero es inútil.
La paradoja de los grupos es un concepto que podríamos sintetizar en una sencilla oración: “No me uniré hasta que otros lo hagan“. Es una fuerza de cohesión que actúa para que un grupo de personas acabe coordinándose y obteniendo resultados. Clay Shirky (wikipedia [en] | web oficial | twitter), profesor de la
Estás en una fiesta en una casa aburrido y piensas: “Esto ya no es para mí. Preferiría irme a cualquier otro sitio. Preferiría estar en casa durmiendo. La gente con la que quiero hablar ya no está aquí”. Lo que sea. La fiesta ya no tiene un mínimo de interés. Entonces sucede algo sorprendente: no te vas, a pesar de haber tomado la decisión de que esto no te gusta. Si estuvieras en una librería y te dijeras que ya has acabado, te irías. Si estuvieras en una cafetería y te dijeras “me aburro”, te irías, pero te encuentras sentado en una fiesta en la que has decidido que no te gusta y donde no quieres estar, y no te marchas.
A continuación ocurre de nuevo algo sorprendente. Veinte minutos más tarde, alguien se levanta y coge su abrigo. ¿Qué sucede entonces? De repente todo el mundo empieza a coger sus abrigos, todos a la misma vez. Esto significa que ya todos habían decidido que la fiesta no era para ellos, pero nadie había hecho nada el respecto hasta que finalmente este hecho actúa como disparador y todo el mundo manifiesta que es adecuado irse.
Así es como, en este caso, se alcanza el complejo instante en el que un grupo acaba uniéndose, donde las personas suficientes, por alguna razón, se ponen de acuerdo en que algo vale la pena que suceda y la decisión que toman en ese momento es: esto es bueno y debe ser protegido. Y en ese instante, aunque sea de manera inconsciente, se empiezan a recibir los efectos del grupo. Efectos que surgen una y otra vez en las comunidades online. Este efecto es tan constante que se conoce como la paradoja de los grupos. No hay grupos sin miembros, pero tampoco hay miembros sin un grupo. ¿De qué serían miembros sino?
Me gasté todo el presupuesto del que disponía para mi primer ordenador Intel en uno que no era el más rápido. Por aquel entonces, el 386 convivía con el 486 y el co-procesador matématico en todas las tiendas de informática y, a falta de Internet, se utilizaban básicamente para renombrar archivos. No hacerse con el último modelo sería como hoy ir al cine para ver una película en 2D. Sin embargo, no compré el más rápido, me lo gasté todo en el más vacilón (mucho antes de que el tuning llegará a las carcasas de los pecés). El tendero me dijo que lo había diseñado el que hacía los Ferrari. Tuve un Colani a los 12 años, clavadito a este, pero sin disquetera de “cinco-un-cuarto”:

1992. Lo llaman el primer ordenador con un diseño orgánico. La gama Highscreen de Vobis fue galardonada en 1994 como el ordenador del año.
Luigi Colani es un diseñador contemporáneo berlinés, cuya máxima son las formas orgánicas y redondeadas. Esta filosofía lo relacionaría con Eero Aarnio, pero Colani tiene el ego mucho más hinchado. Cierto que había diseñado Ferraris, pero para muchas otras marcas de coche también. Su “bio-diseño” pudo apreciarse además en muchos dispositivos electrónicos asociados a la marca Vobis en los 90 e incluso, el uniforme de la policía alemana actual, es un producto suyo.
Me acordé de mi antiguo ordenador cuando tuve delante de mí, la última caja de cervezas de la marca alemana Veltins (pronúnciese “feltins”). La caja en cuestión está diseñada por Porsche Design Studio:


¿Asombrados de nuevo con mi capacidad para relacionar tramas, no? La verdad, es que en el panorama actual es constante y habitual ya dar con todo tipo de productos cuyo diseño está apadrinado por poderosas marcas de coches (e incluso neumáticos). En casi cualquier tienda de informática de tu ciudad seguro que puedes comprar un portátil Ferrari, por ejemplo. Éstos le meten ya mano a todo. Lo último es un secador al que la escudería italiana le ha incorporado el motor. Si es para un secado más rápido, han perdido mi mediocre respeto.
Mucho antes de abrazar la mediocridad, fantaseaba a menudo con la idea de ser el mejor de los mejores en algo. Dejaba volar la imaginación para captar la esencia del prodigio que supondría ser invencible. Me montaba pajas mentales figurando cómo debía sentirse el más destacado pianista del mundo, en qué situaciones se vería envuelto alguien con el don de entender todos los idiomas o qué ovaciones recibiría el mejor cantante de coplas.
En mi infancia, soñaba con ser el mejor portero de fútbol. Imbatible. La Carbonero se olvidaría de Casillas en el minuto uno. Mi guardameta ideal era incapaz de recibir un gol, excepto cuando el linier la cagaba. Una omisión típica de esas en las que confunden de que lado ha caído la pelota. A lo sumo recibiría goles fantasma. Aunque si el resultado lo permitía también debía dejarme colar alguno de vez en cuando. Tenía que disimular que lo mío era inhumano, porque como no estaba hecho para eso de entrenar duroteh y dedicar una vida a ello, lo mío tenía que ser una especie de superpoder.
Semejante capacidad para atajar balones se generaría del hecho de poder cambiar la percepción del tiempo o, dicho de otro modo, procesar la realidad más rápidamente. Todo esto mucho antes de que Neo aprendiera a esquivar las balas. Sería como estar fuera de la línea temporal común para todos, acompañado de una sensación de quietud. Al procesar el tiempo más rápido, el balón parecería viajar más lentamente, permitiéndole a uno reaccionar más holgadamente y cambiar de dirección a lo Ed Warner, el portero bizco de Campeones (Captain Tsubasa), si fuera necesario. El balón recorrería la distancia hacia la meta en un escaso segundo, que nos habría parecido un minuto. El resto del mundo vería simplemente que eres un tío rápido moviéndote.
Bueno, pues resulta que hay investigaciones que afirman que esto se puede hacer, que se puede estirar el tiempo, haciendo que la percepción temporal subjetiva cambie y éste transcurra más lentamente. Que existen zonas del cerebro especializadas en la medición del paso del tiempo y tenemos una especie de cronómetro interno que podemos consultar. Una prueba inconsciente de ello es el llamado minuto microondas, cuando el tiempo se ralentiza mientras esperas que la comida se caliente en el microondas. Lo sorprendente radica en que se cree que también podemos entrenar ese “ritmómetro” biológico, haciendo que un minuto microonda pase más rápido y que el balón parezca que se mueve más lento.

Estira el tiempo de vida de tus aparatos electrónicos. Campaña publicitaria de Clamper y sus dispositivos de protección del arco voltaico.
En la era digital o eres un uno o un cero.
Leído por ahí cómo in the digital age you’re either a one or a zero.
La última vez que lidié con Ikea no fue tan dramático. Con la serenidad que proporciona la experiencia, llamé a un taxi mueble y le pagué a un vecino aficionado al bricolaje para que me montara e instalara lo que restaba de cocina.
Corre por ahí una ingeniosa publicidad del servicio de montaje de Ikea, que no está protagonizada por Billy desgraciadamente, pero que una vez más muestra la desesperación a la que puede llegar uno con el mobiliario sueco.
Ahí no acaba la cosa, porque esto me ha recordado inmediatamente a SET26, una colección de muebles de diseño que conforman las letras del alfabeto. Cada armario está hecho a mano por una empresa suiza que les da un acabado perfecto y los vende al precio aproximado de (sic) 1.500 € cada uno.


Aquí es cuando me pregunto de nuevo por que no tendrá Ikea algo parecido por 300 €, ni que sea una sencilla “I” que por algo se empieza. Os dejo para acabar con un generador de nombres para muebles suecos. Cualquier parecido con Ikea es pura coincidencia. Al menos a mi me sale el que es sin duda mi mueble favorito, la cama:
Nadie, literalmente nadie. No hay nadie en este planeta que sepa como construir un ratón de ordenador. Lo digo seriamente. El presidente de la empresa que fabrica los ratones no lo sabe. Él sólo sabe como llevar una empresa. Aquellos que están en la cadena de ensamblaje tampoco, porque no saben como perforar en busca de petróleo para construir el plástico, y así sucesivamente. Sabemos algunas de las pequeñas partes, pero nadie sabe como construirlo entero.
Matt Ridley: When ideas have sex [TED Talk, Min 13:41]
La sociedad ha conseguido, a través del trueque y la especialización, tener la capacidad de hacer cosas que no llegamos a entender.
De vez en cuando nos gusta destacar algunas acciones de arte urbano en este mediocre blog. Esos escaparates efímeros situados en las calles de ciudades de medio mundo. En esta ocasión, Collective CC de Lisboa ha acertado plenamente con la intervención “Senioritas”:
La mayoría de los que viven o visitan Lisboa y el resto de ciudades del sur de Europa saben que, por experiencia, existe un grupo de mujeres con vista de lince que pasan sus días vigilando las calles desde sus ventanas. Una llamada telefónica basta para informar de cualquier actividad sospechosa a la policía y, en realidad, actúan como una versión alternativa del circuito cerrado de televisión para estos barrios.
Así que han contextualizado la función de estas mujeres colocando secretamente señales debajo de las ventanas de estas señoras que son una copia exacta de la identidad visual de la empresa Securitas.



Visto en Wooster Collective.
¿Cuáles son los elementos básicos que toda respetable teoría conspirativa debe poseer? En este artículo de Wired identifican los 6 ingredientes indispensables para este tipo de conjeturas y sin necesidad de masones de por medio. ¿Nunca habéis escuchado nada sobre la conspiración de las impresoras de inyección de tinta?
¿Me estás tomando el pelo? La impresora de inyección de tinta fue una completa farsa! Piénsalo detenidamente, todo el mundo sabe que la tinta de los cartuchos está hecha de sangre de unicornio. ¿Y te has fijado que HP y EPSON han empezado a comportarse de forma muy extraña? Es obvio que no quieren que esta trama salga a la luz. Quiero decir, ¿qué pasaría si la gente empezara a preguntarse por qué las impresoras de inyección de tinta son tan baratas? Bueno, puede que sirva para engañar a la plebe, pero los miembros de la Oficina Sin Papel no se tragan esta historia. Mira, no sólo lo digo yo, Gillete con sus cuchillas desechables está convencido también. Pero tenemos que actuar rápidamente, porque quién sabe cuando se atascará el papel de nuevo. Sólo quería que supieras de todo esto, en caso de que desaparezca.
La clave reside en susbtituir los elementos en negrita por una serie conceptos que conformarán una plantilla para generar todo tipo de teorías conspirativas:
¿Me estás tomando el pelo? [suceso en cuestión] fue una completa farsa! Piénsalo detenidamente, todo el mundo sabe que [precedente conocido]. ¿Y te has fijado que [nombrar a alguien poderoso] han empezado a comportarse de forma muy extraña? Es obvio que no quieren que esta trama salga a la luz. Quiero decir, ¿qué pasaría si la gente empezara a preguntarse [pregunta inquietante]? Bueno, puede que sirva para engañar a la plebe, pero los miembros de [grupo dedicado a la búsqueda de la verdad] no se tragan esta historia. Mira, no sólo lo digo yo, [aprobación de un experto] está convencido también. Pero tenemos que actuar rápidamente, porque [indicio de una amenaza imminente]. Sólo quería que supieras de todo esto, en caso de que desaparezca.
En los comentarios de 6 Elements Every Conspiracy Theory Needs podréis encontrar decenas de teorías conspiranoicas. Un par de ellas me han llamado suficientemente la atención como para dejarlas en los comentarios de esta entrada. Si alguien se anima a destapar alguna trama, que lo haga de manera anónima, no vaya a tener problemas…
Me he leído “El arte de ser minimalista“, un libro electrónico de Everett Bogue, escritor de profesión y minimalista de vocación, que recientemente ha sido traducido al español por Valentina Thörner Da Cruz, la blogger detrás de Valedeoro. No es un manual para seguir al pie de la letra de buenas a primeras. No todo hijo de vecino puede reconvertirse en un minimalista de libro, pero dice cosas muy interesantes de las que somos fans aquí.
Probablemente el señor Bogue acabó quemadísimo de dejarse la salud y el dinero en la noche y el postureo Neoyorquino y decidió dar un giro completo a su vida. Ahorró 3 kilo dólares y se marchó con lo puesto a recorrer mundo. A veces, es la única salida, dejarlo todo, cortar con todo una vez has tocado fondo. De ninguna manera ésto le resta mérito a lo que ha conseguido (y está manteniendo), pero también se puede llegar a dar un gran cambio de una manera progresiva, con pequeñas acciones que al final resultarán en un buen giro a tus hábitos.
Actúa ya mismo:
De lo mejor sin duda en este libro es la traducción y adaptación que han hecho Valentina y Evangelina Buffa, y la versión para leer en pantalla, si te animas a descargarla de Scribd, está muy lograda. Para cerrar por todo lo alto, en la penúltima pagina, ¡el autor nos desvela el secreto de la felicidad! ¡El minimalismo va a llegar!