El maravilloso mundo de los abrefácil 2

Siguiendo con la investigación de los abrefácil en los objetos cotidianos, esta semana analizamos la, en teoría fácil, manera de abrir un flan de huevo. ¿Quién podría pensar que un flan de huevo de una de las grandes marcas de postres tendría un sistema de apertura tan desastroso?

Tras esta experiencia no podemos deducir que a mayor precio en el producto, mejor calidad en el abrefácil. Seguiremos analizando otros productos para poder comprobar nuestra hipótesis.

Abrefácil flan

harry

Sin miedo a consumir preferentemente después

Presentes en todos los envoltorios alimentarios, aparecen las “fechas de caducidad” y de “consumo preferente” que designan hasta cuando el producto debe haber sido consumido. La diferencia entre estos mátices es simple:

  • La fecha límite de consumo o de caducidad, expresada también con la leyenda: “consumir hasta…”, indica el día hasta el cual el producto es apto para el consumo. A partir de esa fecha, puede suponer un riesgo para la salud del despistado en cuestión.
  • En cambio, “consumir preferentemente antes de…”, indica hasta que fecha el producto conserva intactas sus cualidades organolépticas (sabor, aspecto, etc).

De todas maneras, dichas menciones excluyen la venta de estos alimentos en una fecha posterior a la indicada. Incluso tenemos derecho a exigir que nos cambien el producto si estaba en venta fuera de fecha.

Sin embargo, en el caso de consumo preferente, pueden ser consumidos aún unos días después (yogures, etc), o semanas (conservas, etc), pero son menos buenos.

Pues bien, una vez aprendida la teoria, hace unos meses realizamos un experimento práctico: cogimos un yogur natural cuya tapa rezaba “08/10” y a mediados de enero, Harry se lo comió a cucharada colmada. Según información fiable sobre caducidad y consumo preferente, “cuando la duración del producto sea inferior a tres meses bastará con indicar el día y el mes”. Habiendo pasado 3 meses y unos pocos días del consumo preferente, el riesgo de la prueba era más que evidente. Cercano a la temeridad.
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Los botones del ascensor

Usar un ascensor es tan simple como pulsar un botón. Siempre que sepas cuál, porque no voy a hablar de los que utilizamos para llamar al ascensor, sino de los que se encuentran en el interior de éste.

Para muestra, un botón… o varios:

Botones del interior de un ascensor

Francamente, hay veces en las que no sé con seguridad cuál es el botón que me llevará a la salida del edificio. En la imagen podemos llegar a ver las letras H, P, E y B en un mismo tablero. Reduciremos los conceptos que pueden causar confusión a los tres siguientes (en orden descendente):

  • Principal: Piso que se halla sobre el bajo o el entresuelo.
  • Entresuelo: Piso situado entre el bajo y el principal de una casa.
  • Planta baja: Piso bajo de un edificio.

Suponemos que la B es para planta baja, la E para entresuelo y la P para principal. ¿Sería posible encontrarnos en un ascensor un único botón con letra y que fuera la P? En teoría no, porque para que exista el piso principal debería existir el entresuelo o el bajo.

En este caso, la distribución geográfica de los botones nos puede ayudar a discernir el orden: B-E-P-H-2. Queda pues sin resolver cual es el piso H. ¿Es el piso de Planck?

La letra que conducía a la entrada del edificio era la E. ¿Querría decir pues la E entrada? En Alemania es usual marcar el botón que lleva a la entrada con la letra E (Eingang). A pesar de ser correcta la distribución, se confunde entrada y entresuelo.

En Estados Unidos, el piso de entrada a un edificio acostumbra a ser el 1 y el que está sobre éste, lógicamente, siempre es el 2. Lo que en España sería el primer piso en USA y Alemania es, como mínimo, el 2. Luego, es común escuchar cosas como: “yo vivía en un tercer piso que en realidad era un quinto”.
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